¿El diezmo murió con la ley de Moisés o sigue vigente bajo la gracia? Descubre cómo esta práctica trasciende los pactos y se convierte en una expresión de fe y gratitud hacia nuestro Sumo Sacerdote celestial.
Cuando Adán y Eva pecaron, su solución fue ocultar su desnudez con hojas de higuera. La solución de Dios fue cubrirlos, haciendo túnicas de pieles y estableciendo un pacto de restauración.
Esta diferencia refleja los dos pactos: el antiguo (hecho en Éxodo 19) y el nuevo (anunciado en Jeremías 31 y sellado con la sangre de Cristo).
La ley escrita en piedra, colocada en un santuario terrenal, con un sacerdocio levítico. El hombre se compromete a obedecer por sus propias fuerzas.
La misma ley escrita en el corazón por Dios mismo, con un santuario celestial y el sacerdocio eterno de Cristo. Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer.
El mismo Dios y la misma ley, pero con un fundamento radicalmente distinto: en uno la obra la intenta el hombre, en el otro la realiza Dios.
Sacerdocio terrenal, temporal, basado en la descendencia física. Los diezmos se entregaban a hombres mortales (Heb 7:8).
Sacerdocio celestial, eterno, representado por Cristo. "Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida" (Heb 7:3).
Abraham, mucho antes de la ley mosaica, dio el diezmo a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo. Este acto fundamental demuestra que el diezmo no nació con la ley levítica, sino que es parte de un orden superior y eterno.
"Al cual asimismo dio Abraham los diezmos de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz."— Hebreos 7:2
Abraham diezmaba bajo el orden de Melquisedec como acto de fe y reconocimiento al Dios Altísimo.
El diezmo se entregaba a los levitas por mandato, como sustento para los sacerdotes del santuario terrenal.
"Mudado el sacerdocio, necesario es que se haga también mudanza de la ley" (Heb 7:12). El diezmo ahora sostiene a quienes predican el evangelio (1 Cor 9:13-14).
"En el Nuevo Pacto, el diezmo no es menos sagrado; se da con alegría porque el Señor ama al dador alegre."— 2 Corintios 9:7
En el Antiguo Pacto, los diezmos estaban centralizados en el santuario terrenal (Deut 12:5-7). Pero Cristo anunció un cambio radical: "los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad" (Juan 4:21-24).
El día de reposo es momento ideal para calcular y apartar nuestros diezmos, reflexionando sobre la bondad divina antes de comenzar una nueva semana.
"Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo según haya prosperado..."— 1 Corintios 16:2
Si somos de Cristo, entonces somos hijos de Abraham; y como tales, hacemos las obras de Abraham. Una de estas obras fue reconocer al sacerdocio eterno mediante el diezmo.
Diezmar nos identifica como parte del pueblo del nuevo pacto, que reconoce a Cristo como su Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.
No diezmamos por obligación sino por gratitud, reconociendo que todo lo que tenemos viene de Dios y confiando en sus promesas de provisión.
¿Das el diezmo como parte de una ley que te pesa, o como una expresión de amor y confianza en el sacerdocio celestial de Cristo? Renueva tu compromiso con el Señor hoy.