Antorcha Profética
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Cielo estrellado con rayos de luz representando la intercesión celestial
Pneumatología · Romanos 8:26–27

Cómo el Espíritu
intercede
por nosotros

El Espíritu no ruega junto al Padre como si fuera otra persona. Lo que realmente ocurre en el cielo cuando tú oras.

El estudio de hoy es continuación del anterior, en el que se analizó la visión de Zacarías 4. En esa visión el Señor revela cómo derrama su Espíritu Santo: dos olivos con dos tubos vierten aceite sobre un vaso, del cual salen siete canales que alimentan siete lámparas. El aceite es el combustible que produce la luz. El proceso es este: el Padre le da el Espíritu al Hijo Jesús, quien lo envía por sus querubines y el ministerio de los ángeles. El Espíritu es dado al vaso —los apóstoles y profetas—, y por los siete canales —ministros y ancianos— llega a las siete lámparas: la iglesia.

Hoy examinamos el proceso inverso: cómo, habiendo recibido el Espíritu, este obra en nosotros y produce algo que, a su vez, los ángeles recogen y llevan de vuelta al Señor de toda la tierra.

El ciclo del Espíritu y la oración
☁️
El Padreda el Espíritu al Hijo
Ángelestraen el Espíritu a nosotros
🕊
El Espíritunos impulsa a orar
📿
Ángelesllevan la oración al cielo
Cristola purifica con su justicia
🌟
El Padreresponde con bendición

Punto 1El Espíritu no intercede como Cristo

El fundamento escritural está en Romanos 8:26–27: el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Este texto ha sido mal usado por los trinitarios. Su significado real lo explica Palabras de vida del gran maestro, página 113:

Palabras de vida del gran maestro, p. 113 "No solamente debemos orar en el nombre de Cristo, sino por la inspiración del Espíritu Santo. Dios se deleita en contestar tal oración. Cuando con fervor e intensidad expresamos una oración en el nombre de Cristo, hay en esa misma intensidad una prenda de Dios que nos asegura que él está por contestar nuestra oración mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos."

Mensajes selectos, tomo 1, página 404, precisa la diferencia: "El Espíritu no ruega por nosotros como lo hace Cristo, quien presenta su sangre derramada desde la fundación del mundo." La intercesión del Espíritu es cualitativamente distinta. Mientras Cristo intercede personalmente presentando su sangre ante el Padre, el Espíritu actúa sobre el corazón y la mente del creyente, instándolo a la oración, al arrepentimiento, a la alabanza y al agradecimiento.

"La gratitud que fluye de nuestros labios es el resultado de la acción del Espíritu sobre las cuerdas del alma en santos recuerdos que despiertan la música del corazón." Mensajes selectos, t. 1, p. 404
Rayos de sol atravesando nubes simbolizando la comunicación entre el cielo y la tierra
Suben oraciones, bajan bendiciones — la escalera de Jacob hecha realidad

Punto 2El proceso ascendente: nuestro servicio como incienso

La intercesión del Espíritu produce en nosotros oraciones, alabanza y confesión. Mensajes selectos, tomo 1, página 404, describe el proceso inverso: todo eso "asciende desde los verdaderos adoradores como incienso ante el santuario celestial." El Espíritu de Cristo desciende; lo que ese Espíritu produce en nosotros asciende al cielo como incienso.

Pero la misma cita advierte algo crucial: "Al pasar por los canales corruptos de la humanidad se contaminan de tal manera que a menos que sean purificados por sangre, nunca pueden ser de valor ante Dios." Aunque lo inspiró el Espíritu Santo, al mezclarse con motivaciones egoístas o impuras, el servicio se contamina. Quien predica pero también desea ser admirado, quien condiciona su ofrenda a que se cumpla su voluntad: en todos esos casos la obra del Espíritu ha sido contaminada por el yo.

Apocalipsis 8:3–4 "Otro ángel vino y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos."

Ese ángel es Cristo. Él añade su justicia a las oraciones de la iglesia y, mezcladas con el incienso de sus propios méritos, ascienden ante el Padre plenamente aceptables. Así se obtienen respuestas benignas. Los ángeles llevan nuestras oraciones al cielo; Cristo las mezcla con su justicia y las presenta al Padre; el Padre responde y los ángeles traen esa bendición de vuelta hacia nosotros.

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Persona en actitud de oración con luz celestial
La oración contrita de los menesterosos sube al cielo — los orgullosos no envían nada

Punto 3El Espíritu levanta bandera contra el enemigo

Conflicto de los siglos, página 585, enseña que las tentaciones parecen irresistibles cuando se ha descuidado la oración y el estudio de la Biblia. Sin ese fundamento no se pueden recordar las promesas de Dios. Sin embargo: "Los ángeles rodean a los que tienen deseos de aprender cosas divinas, y en situaciones graves traerán a su memoria las verdades que necesiten."

Son los ángeles quienes, en los momentos críticos, traen a la memoria las verdades bíblicas necesarias. Isaías 59:19 lo expresa: "Vendrá el enemigo como un río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él." Levantar bandera contra el enemigo es que el Espíritu, a través del ministerio de los ángeles, recuerda al creyente lo que ha estudiado. El mismo ángel que inspiró a Daniel fue enviado a Guillermo Miller para explicarle las profecías.

Punto 4El Espíritu nos guarda de pecar

Joyas de los testimonios, tomo 1, página 347: "Cuando os levantáis por la mañana, sentís impotencia y vuestra necesidad de fuerza divina, y dais a conocer humildemente de todo corazón vuestras necesidades a vuestro Padre celestial... cuando estéis en peligro de pecar inconscientemente, vuestro ángel custodio estará a vuestro lado para induciros a seguir una conducta mejor, escoger las palabras que habéis de pronunciar y para influir en vuestras acciones."

Los ángeles aguardan con las alas desplegadas para llevar las oraciones contritas a Dios. Si no oras, el ángel se quedó esperando — y si no sube al cielo, tampoco tiene nada que traerte. En los lugares celestiales, p. 80
Montañas al amanecer con cielo iluminado simbolizando la escalera de Jacob
"Veréis el cielo abierto y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre" — Juan 1:51

Punto 5El Espíritu nos impulsa a obrar milagros

Deseado de todas las gentes, páginas 116–117: "Los milagros de Cristo en favor de los afligidos y dolientes fueron realizados por el poder de Dios mediante el ministerio de los ángeles." Mientras Jesús estuvo en la tierra, ocupó la posición de profeta, de vaso. Los querubines y los ángeles le traían el poder de Dios y él lo canalizaba. El mismo patrón continúa hoy: "Es por medio de Cristo, por el ministerio de sus mensajeros celestiales, como nos llega toda bendición de Dios."

Punto 6El ministerio de Cristo en el santuario celestial

Primeros escritos, página 32, relata una visión del lugar santísimo: "Vi un arca cubierta de oro purísimo. En cada extremo había un querubín con las alas extendidas. Entre los dos ángeles había un incensario de oro. Junto al arca estaba Jesús, y cuando las oraciones de los santos llegaban a él, el humo del incienso surgía del incensario y Jesús las ofrecía a su Padre."

Síntesis del proceso completo El Espíritu actúa en nosotros motivándonos a orar. Los ángeles recogen ese servicio y lo llevan al cielo. Cristo lo mezcla con su justicia. El Padre lo recibe y responde. Los ángeles traen esa bendición de vuelta. — Por eso hay un solo mediador: Cristo. El Espíritu no es una persona que ruega junto al Padre; influye en nuestro espíritu para que obre las obras de Dios.

"La verdad os hará libres" — pero primero hay que orar. ¿Cuándo fue la última vez que enviaste algo al cielo?

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